Una cerveza en la mano, desesperada por besarme, sabe que muero por terminar todo esto, y desaparecerla de los ojos de los demás. No me miente, es honesta, cabe en mis melodías desesperadas y comprende la añoranza de antaño. No es mi amiga, la detesto…pero, sabe que muero por terminar todo esto. La soledad me invita a avanzar un poco mas, pero la timides me embarga como condena incierta, pues mi conciencia inversa me grita lo contrario, obviamente. Ruego piedad por encontrarla de nuevo, pues sé que nunca la he tocado, ni ella me a desconcertado, y me intriga el coloquio del momento, sabiendo ciertamente que ellos esperan por mi, esperan ese beso añejo. Y por fin, es amarga, la detesto nuevamente, porque logro comprender que es exactamente como lo imaginé, como pocas cosas en la vida. Ella se decepciona de mi y me odia tanto como yo a ella.
Quedamos en volvernos a ver, intentando descifrarnos una a la otra. Pero nunca será mi amiga del alma, pues me entiende a la perfección y yo no busco comprensión.
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