Estimado Sr. Lobo
Me gustaría que las cosas cambiaran, si, pero que lo hicieran para bien.
Me gustaría que las cosas cambiaran, si, pero que lo hicieran para bien.
La última vez que me lo plantee mi corazón no estaba en ello, y como consecuencia las cosas salieron inaceptables.
Mi risa no es parte de la ironía del camino, es la contemplación positiva a mi estupidez de haberte causado daño. Pues, aunque no lo hayas reconocido, la herida que te causé fue un destrozo de algo anterior, quizás reprimido y atenuado por los años.
Me da lástima que la desesperación nos lleve a palabras mal logradas, y a frases que puedan matar todo lo nuestro. Honestamente no creo que un adiós sea la solución a todo, pero una amenaza va lanzando piedras al camino, y cuando quiera volver a recordarlo, no podre andar sin tropezones que me recuerden nuestras idioteces.
Asi que, si quieres que todo termine, pues dale, adelante; no te voy a detener como era mi intensión la noche pasada, pero te diré 2 cosas. Si yo no puedo hacer que cambies tu forma de enfrentar la relación a través de palabras bien logradas y con raciocinio absoluto, pues no vale la pena continuar. Y segundo, tampoco lo valdrá si tú lo intentas conmigo. Pues la lógica es simple, somos gente honesta que va sembrando árboles de frutos, y si no lograron regarlos diariamente, nuestra cosecha tendrá cifras negativas y no ganaremos nada de ello, y a partir de esto, si intentamos obtener manzanas en perales, menos aún podremos avanzar. No merecemos cambiarnos el uno al otro. Somos seres maduros, responsables, con carácter, y por lo mismo, merecemos el respeto del otro.
Largo es nuestro andar, pero si el destino nos puso una roca al frente, sabremos saltarla de la mejor manera posible. O mejor aun, se me ocurre una mejor idea. Si llegase a estorbar el camino del otro, pues, que nuestros caminos, que van al lado, nos sirva de refugio y desvío ante la adversidad.
Somos uno los dos, y nunca ha servido un alma a la mitad.
Siempre tuya
Luna