Un cigarro acompaña el deseo de continuar mi confesión diaria.
esta vez no es algo de neta necesidad. mas bien, no quiero perder el ritmo que me caracteriza.
tengo mucho que decir, de todo. del amor, de mi carrera, de mis avances y crecimiento personal. Y es que han sucedido tantas cosas en 1 año, que me es difícil elegir el discurso correcto.
Hablaré de lo que suelo quejarme.
de él.
para variar...
Entramos directo a su oficina y me indico el camino a seguir para entablar una conversación seria. De esas que te dejan la boca seca y con hálito desagradable. Al terminar quise lavarme los dientes. Siempre por la cantidad de estupideces que confesé. Arriesgándome hasta el odio mas inmediato que pueda existir. pero no. Él no es así. No sé si lamentablemente, pero no es así.
Me invito a tomar asiento, y me mantuve con las piernas cruzadas por largas 4 horas.
En este pequeño tiempo pasó una barbarie de situaciones que nos involucraron directamente. Haciéndonos pensar en innumerables veces que nos amábamos profundamente. Besos, respiraciones prolongadas, sexo, caminatas insaciables, aventuras en cascadas, conversaciones de irrevocable retroceso, promesas inconclusas y que quedan por no cumplir. Transpiré, tuve miedo, sudé como loca. Fui maniática, complaciente, honesta, paciente. Pero todo siempre, aunque mínimo, fue suficiente para su entendimiento y conformismo del amor eterno.
Cante, grite, lloré. Nada cambió. Todo sigue igual
Cuando me di cuenta hacia donde nos llevaba esta pequeña charla, decidí sentarme libremente a fumarme un cigarrillo y escribir. esperando no sea demasiado tarde para entender todos los sentimientos que viví.
No declaro que haya pasado el final de la conversación, pero si confieso que han pasado muchos minutos en los cuales he sentido que el avance; más que hacerlo placentero; me esta carcomiendo la mente lentamente, deseando e imaginando que sería si nunca hubiera entrado por esa puerta hacia su despacho.
Entonces, transcurridos este tiempo, me miró a los ojos y me propuso carpe diem. Lo dudé y titubeé. en eso continuo. titubeando. Pues no creo en el mañana, me cuesta hacerlo. Ni sé que será de mi! me es difícil concentrarme.
Entonces, me levanto, lo beso en la mejilla, le recuerdo que se corte el cabello. y decido cerrar la puerta tras salir de la gran habitación roja.
esperando encontrar, al final de todo, un final feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario